sábado, 9 de abril de 2011

ESQUELAS Y BANCOS

Después de casi nueve meses sigo pensando, ¡qué raros son estos americanos!. Hoy en el tablón de anuncios que hay en el parque de Lucio, (así lo llama él, está convencido de que es suyo), he visto lo que me quedaba por ver. Una esquela de un perro.
Por la tarde nos hemos bajado al barrio de Marina, junto a la bahía, a dar un buen paseo con Martín y Lucio. Hemos recorrido el templo que se construyó en 1915 con motivo de una exposición universal, está inspirado en los templos griegos aunque es de "antesdeayer". Lo mejor son los jardines que lo rodean con un pequeño lago con cisnes y patos. Lucio se lo ha pasado bomba tirando migas a los patos y Martín, como siempre nos ha lanzado una de sus preguntas: ¿Los patos son impermeables?........y yo que sé.
Mientras ellos juegan nosotros comentamos la esquela del perro y por asociación de ideas la de Amalia que apareció en El País. Martín sigue dándole vueltas a la muerte de su abuela. Antes de ayer estuvo leyendo todo lo que ha salido sobre Amalia en los periódicos que Diego ha traído de Madrid . Ya no está triste, lo está empezando a digerir.
En el parque que os contaba hay varios bancos con vistas al lago. Sentarse en uno de ellos a contemplar el jardín, el agua y los patos es muy agradable. Cada banco tiene una placa con un nombre, "A Mary -por ejemplo- a quien tanto le gustaba este jardín, de su esposo e hijos". Ya hablamos hace tiempo sobre las donaciones privadas y el mobiliario urbano.
Se acaba el paseo y volvemos al coche. Después de un rato de silencio pensativo Martín dispara una de sus disparatadas ideas:
-Papá ¿Por qué no le ponemos un banco a la abuela en San Francisco?, seguro que le gusta.......Diego y yo nos hemos mirado y hemos soltado una carcajada. Por la ocurrencia, primero, y pensando en lo surrealista que sería, después.

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