domingo, 3 de julio de 2011

TONTERÍAS

Siempre soy la que peor llevo el jet lag. Dicen que es peor siempre cuando vuelas hacia el este, no se por qué pero es verdad. La primera noche me acosté a las siete de la tarde completamente exhausta. A la una y media mi querido hijo Diego me despierta desorientado diciendo: creía que era ya por la mañana y la noche acaba de empezar. Baja a beber agua y se vuelve a meter en la cama. Yo estaba dormida profundamente por el cansancio y el pastillazo que me había metido y me desperté sobresaltada. Como mi cuerpo sabía que para mí era de día si siguiera en SF, paso dos horas dando vueltas en la cama con esa sensación de no saber si estás dormido o despierto. A las tres y media viene Lucio pidiendo el desayuno, así que me levanto y desayunamos. Me siento bien como se hubiera dormido lo suficiente. Abro las puertas y ventanas y entra un viento suave y fresco. Por lo menos viviendo al revés no voy a pasar calor, pienso. Por la noche todo se ve diferente, todo es misterioso. Casi no hay ruidos y los que me llegan son de insectos y animales pequeños que andan escondidos entre las plantas. Se mueven sigilosamente para no despertarnos. Hago un montón de cosas movida por la fiebre que os contaba de vaciar como sea la casa. Saco la mitad de las cosas de los armarios de la cocina y las meto en una caja grande. Lo regalaré. Cuando ya estoy cansada me pongo un rato a leer y escribir. Van apareciendo, Martín primero, y Diego jr después a desayunar. Ya son casi las nueve de la mañana y decido irme a comprar algo de comida. Afortunadamente no hay ningún coche aparcado delante del mío porque lo arranco sin pisar el embrague y sale disparado hacia delante dando tumbos. Es verdad leches, mi coche no es automático.
En la frutería meto la mano en el bolso y sin pensar le doy un billete de veinte dólares al individuo para pagar. Antes de que lo vea lo guardo rápidamente y le doy la tarjeta de crédito. Más que nada para que no piense que soy subnormal.
Volviendo a casa me paro en en stop y el coche de atrás me pega un gran pitido. Acabo de hacer un stop californiano, es decir paras siempre y te fijas en quién ha llegado primero para pasar en riguroso orden de llegada.
Cocino y me paro delante de los cubos de basura pensando donde tengo que tirar un tetrabrik y las cáscaras de la fruta. Tampoco me acuerdo de como se recicla aquí.
Suena el teléfono y contesto ¿Hello? .........se pensarán que lo hago para tirarme el rollo, pero no, es algo mecánico que sale sin pensar.
Debo hacer un esfuerzo para aterrizar aquí de una vez y dejar de hacer estupideces pero........me da pena acostumbrarme tan rápido a todo. No se si me entendéis. Puede que siga haciendo el stop californiano una temporada. Al fin y al cabo no es peligroso .......es una cuestión sentimental.

4 comentarios:

  1. Deberias de haber colgado una foto de ese carrito de la compra.
    ¿¿ y las glorietas?? Porque alli en SF no hay gloritas ¿¿no??, ¿¿ te has acostumbrado ya ??.
    Animo cuñaaaaa.

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  2. Mira que te dije que te tomaras unas pastillitas de melatonina, que allí las venden en el super... Lo de tirar mierda piensalo bien, que luego te tocara volver a comprar algo que pensabas que no te haría falta, guarda las cajas unas semanas antes de llevarlas definitivamente a la basurilla. Respecto de lo de la fiesta bloguera, mejor no hablamos, malas personas esperaros a que yo llegue a Madrid, que ahora con el campamento infantil que tengo aquí montado no puedo escaparme.

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  3. Vamos por partes, en SF no hay rotondas no se porqué pero solo hay algun semáforo y muuuuuuchos stops.
    Matilde no te preocupes que aunque te pierdas la fiesta te haremos a tí una especial cuando vengas por Madrid.

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  4. Joooo Cuñaaa, a mi tambien me avisais, que yo tambien me la voy a perder.
    Para un viernes que no estamos,van todos los Gomez y se ponen de acuerdo para hacer fiesta.

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