Con naturalidad porque no tiene sentido, porque ni estamos de viaje, ni vivimos en San Francisco, ni tenemos ese aliciente necesario de la distancia. Desde el primer momento me planteé que el día que sintiera que estaba escribiendo a la fuerza, lo dejaría y ahora mismo siento que empiezo a aburrir a la audiencia y que buena parte del glamour de este blog se lo ponía el Golden Gate.
No quiere decir que cerremos la página, que seguirá abierta como ese cuaderno de viaje en el que hemos guardado todas nuestras vivencias y recuerdos (por cierto, con su título original). Un cuaderno de viaje compartido con todos nuestros amigos, nuestra familia y otros muchos asiduos seguidores atraídos por nuestras estupideces. Vuestra presencia ha sido un apoyo permanente y a vosotros os ha servido para vivir buena parte de nuestra experiencia sin tener que pagar billete de avión. ¡Vaya morro! Es curioso, desde que hemos vuelto a Madrid, cada vez que nos vemos con un amigo y nos pregunta por nuestro viaje, contestamos con una pregunta: ¿Has leído el blog? Si contesta que no, le contamos una versión reducida del año, pero si contesta que sí, nos callamos o hablamos del tiempo porque ¿qué te voy a contar que no sepas?, si sabéis de mi vida mucho más que yo.
Un año da para mucho, para devorar la vida a dentelladas, para hacer amigos, para perder a tu madre, para pensar, para perder a un amigo, para disfrutar de los niños, para escribir, para hacer paellas y para conocer una ciudad como si fuera la tuya. Y un blog da también para mucho, para hablar con quien no hablabas nunca, para acercarte a los tuyos y para desnudar tus sentimientos perdiendo el pudor ante el lector, sea conocido o desconocido. Sin lectores un blog no existe y sin esos activos comentaristas siempre fieles hubiera sido un blog anodino.
Por eso no niego que vaya a volver con este u otro blog en el que dar salida a ese laberinto que hay en mi cabeza, la que yo llamo "mi desordenada habitación". De momento estoy recopilando toda la información para guardar una versión impresa para los niños; que guarden siempre en su mesilla el libro "Nueve horas menos en San Francisco". Me sumo a las palabras de Montse: THANKS y hasta siempre o hasta pronto. No sé.